16 de marzo de 2009

La ropa sucia... o el cristal con que se mira



Un viejo cuento, de esos que tienen moraleja, utiliza un tendal como protagonista de una historia que pretende hacernos reflexionar sobre la vida. El cuento, distribuido por ahí a través de las típicas cadenas de e-mail, viene a decir algo así:

Una pareja de recién casados se mudó a un barrio muy tranquilo. Durante la primera mañana en su nueva casa, mientras tomaba café, la mujer reparó a través de la ventana en que una vecina colgaba sus sábanas en un tendal.

- ¡Qué sábanas más sucias está colgando la vecina en su tendal!... Necesita comprar jabón nuevo... Si tuviera confianza con ella, le preguntaría si quiere que le enseñe a lavar la ropa...

El marido la miró y se quedó callado. Algunos días después, nuevamente, durante el desayuno, la vecina colgaba sábanas en su tendal y la mujer comentó con el marido:

- ¡Nuestra vecina continúa colgando las sábanas sucias! ¡Si tuviese confianza con ella le preguntaría si quiere que le enseñe a lavar la ropa!

Y así, cada dos o tres días, la mujer repetía su discurso, mientras la vecina colgaba pacientemente sus ropas en el tendal.

Pasó más de un mes, y la mujer se sorprendió al ver que las sábanas que estaba tendiendo la vecina estaban limpias, por lo que, entusiasmada, se lo fue a contar a su marido.

- ¡Mira, la vecina ha aprendido a lavar la ropa...! ¿Será que otra vecina le enseñó...? Porque yo no hice nada.

El marido, con mucha calma, respondió:

- No, lo que ha pasado es que hoy me levanté temprano y limpié los cristales de nuestra ventana.

Y así es la vida... en la que todo depende de la ventana a través de la cual observamos los hechos. Por eso, antes de criticar, debemos comprobar si hicimos alguna cosa para contribuir a que todo vaya bien, con lo que estaremos verificando nuestros propios defectos y limitaciones.

Moraleja: Limpie sus cristales... abra su ventana... y nunca prejuzgue sin antes comprobar que usted hace lo correcto.