25 de febrero de 2009

Un enfoque diferente para un tendal



El enfoque suele darle a las cosas derivadas tan distintas y, en ocasiones, contrapuestas, que puede llegar a covertir un objeto o una escena en lo contrario de lo que realmente es, dependiendo del encuadre.

Acostumbramos a ver perspectivas apaisadas que nos sitúan en un horizonte más o menos lejano, pero siempre alcanzable. Solemos marcarnos un rumbo terrenal que nos apega al suelo firme y nos impide soñar con toda nuestra fantasía a flor de piel.

Nos metemos en la vida desde lo más cercano, marcando una tendencia a la visualización desde arriba, pero en pocas ocasiones nos arrastramos para entender mejor los elementos del universo escudriñados desde abajo.

Un tendal es un elemento corriente que generalmente tiene connotaciones terrenales, pero cuando el enfoque cambia, la figuración se transforma también llevándonos hacia una elucubración insospechada.

Es lo que pasa cuando vemos un tendal planteado desde el suelo; cuando percibimos el acto terrenal de colgar la ropa recién lavada con el cielo como fondo, pero advertido desde la verticalidad; cuando examinamos lo cercano enmarcado en el infinito pero considerado como algo perpendicular a la vida; cuando experimentamos con los sueños a partir de la contemplación de lo tangible...

Un enfoque diferente para algo tan ordinario como un tendal en plena realización, con el cielo marcando el contexto, nos sitúa ante algo que podríamos definir como libertad.