
En invierno el frío lo inunda todo... y si se trata de algo que permanece a la intemperie, todavía más.
En el caso de los tendales, que se caracterizan por ser elementos de exterior, si se quiere obtener un rendimiento óptimo relacionado con el fin para el que fueron creados, nos encontramos con que el frío es su principal depredador.
El aire es el principal ingrediente absolutamente gratuito del coktail de frescura que representa un tendal... Ahora bien, cuando ese aire llega gélido de Dios sabe donde convirtiendo todo lo que toca en una amalgama glacial, el clásico tendal exterior se convierte en un vestigio de lo que fue, esperando tiempos mejores.
Y si el frío viene acompañado de nieve, bucólica a veces y destructiva en ocasiones, el tendal se convertirá en un trasto inútil, sin sentido, destinado a esperar...
Asi que en estos tiempos, los tendales permanecen desiertos, tristes, encogidos, solitarios, abandonados, baldíos... Ahora bien, siempre, siempre acaban llegando tiempos mejores.
