
No se trata de un tendal en el sentido estricto de la palabra... pero podría serlo. En algún lugar perdido de Marruecos, un grupo de cabras desafiaron a la gravedad y sin que podamos imaginarnos cómo, se encaramaron en las ramas de un árbol ofreciendo una curiosa estampa en la que se combina el equilibrio de los animales con la incredulidad de quien les observa.
Quizás algún día las pieles de estas cabras terminen por convertirse en atavíos... quizás su alma aventurera termine trocada en atuendo... o quizás no, pero la sutil permanencia de estos animales en estos ramales arbóreos nos hacen recordar un tendal...
Quizás su equilibrio denodado acabe con sus ansias de libertad... o quizás su convivencia con la dificultad concluya con un trastazo... pero la osadía de estos animales que solo buscan comer en un entorno hostil para su alimento, nos desplaza hacia un contexto arduo y afanoso relacionado con su supervivencia.
Sin embargo, y a pesar de todos esos matices, la belleza es dueña de una imagen que nos acerca al absurdo... una disposición de elementos que, como ocurre con los tendales, mezcla orden con anarquía y libertad con sujección...
